Que no, que no, y que no.
Que no le echas de menos,
ni a él…ni a los que llegaron antes. Que te olvides de estas farsas que montas
en tu cabeza para distraerte, son cortinas de humo…porqué no quieres ver la
realidad. Que a la única persona que echas de menos, es a ti misma.
Sí, esa niña capaz de reírse
de sus propios problemas, esa que se viste de colores y va andando mirándose en
cada uno de los espejos que se encuentra, esa que se quiere…que camina sin
saber a dónde va, sin tenerlo muy claro, pero con ganas de perderse. Esa niña
sin miedos, capaz de saltar, hacerse daño, y volver a estar en pie mirando a su
alrededor antes de que alguien la observe.
Pequeña, dónde narices te
has metido. Quién eres tú, y que es lo que han hecho contigo. Dime. Que ya no
hay mañana en la que te entristezca mirarte de frente, que no tienes
aspiraciones, que ya no te llenan ni los abrazos de la gente que tienes a tu
lado…
¿Cómo has llegado hasta
aquí? Dime, cuéntame…se sincera. Eres una soñadora nata, pero de esas, de las
buenas, las que sueñan despiertas y corren tras sus sueños, las que se enfadan
si no se cumplen y se encaprichan de la vida. Y ahora? Que ocurre?
Mírate, eres como ese azúcar
que alguien mete en la nevera por error. Ni eres tú, ni éste es tu sitio. Pues
si tan claro lo tienes, saca de dentro las fuerzas, vuelve a ser un poco de lo
que fuiste para poder reconocer lo que eres ahora, y corre…No esperes a que
nadie te saque de la nevera. Deja de sentir ese frío interior que no te deja
avanzar, puede que te cueste sonreír, últimamente las tienes contadas…piérdete,
no mires atrás. Y reencuéntrate contigo misma.
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